| Fesapo XXXY |
[Jul. 17th, 2008|11:59 pm] |
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—El gran problema de reconocerse como soberano desastre humano es no tener a quién ir a pedirle perdón: suelen no quedar ni víctimas ni deudos: suelen no quedar ni las propinas de las sombras. |
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| Fesapo XXXIV |
[Jul. 16th, 2008|11:59 pm] |
—¿Pero era cierto? —el otro, azorado. —No lo sé. Puede ser. O no. Nunca estuve cerca de un tanque de guerra. Mucho menos de uno ruso. Y muchísimo menos de uno convertido en olla o sartén. Los folletos enumeraban al detalle las razones fisicoquímicas por las cuales cocinar con esos cacharros era poco menos que cocinar con tecnología de otro planeta: que la densidad del metal, que las propiedades físicas de las aleaciones, que la reducción de radiaciones, que la estabilidad atómica a altas temperaturas, que la neutralidad química por ausencia de iones, bla bla bla…; la lista y los detalles de la lista de propiedades le hacían competencia a un tratado de cuántica. Y claro, uno lo leía, miraba la calidad de los catálogos, le sumaba a eso la “magia” de la procedencia búlgara —al pronunciar “magia” exageró la expresión caricaturesca de sí mismo—, ¿y cómo no vas a quedar flechado de amor con esos cachos de tanque? Goggar lo miraba cada cinco o siete pasos. En un principio quiso creer que se trataba de una broma demasiado enredada, pero con el desfile de detalles de a poco iba viéndose obligado a creer. —¿Y vos qué tuviste que ver con todo eso? —preguntó Goggar, en elevado estado de trance extático. |
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| Fesapo XXXIII |
[Jul. 15th, 2008|11:59 pm] |
—Unos búlgaros que aparecieron un buen día con una megacorporación que facturaba millones y millones fabricando y vendiendo ollas. —Ollas —incrédulo Goggar. —Sí, ollas. Ollas, sartenes y demás fierros y fierritos culinarios, de todo tipo, color y tamaño. El catálogo de esta gente no tenía límite: eran páginas y páginas impresas con una calidad que te puedo asegurar que jamás viste en tu vida: olvidate de las revistas de moda, de los dossiers turísticos de alta gama, de los catálogos de joyas… todo eso podés considerarlo puro amateurismo al lado de lo que editaba esta gente. —Estás hablando de ollas —se rehusó Goggar a dejarse impresionar—. Está bien, sí, hay ollas muy interesantes en el mercado de las ollas, pero me estás hablando como si esos catálogos fuesen mejores que una colección porno. —Si no lo eran, al poco tiempo te lo terminabas creyendo, te juro. Pero el punto no estaba en los catálogos, que, más allá de la calidad desproporcionada, no eran más que eso: papel con fotos de ollas y sartenes. El punto estaba en que el “secreto” —Werner marcó las comillas en el aire— de estos utensilios era el origen. —Qué, ¿importaban ollas de Marte? —Algo así. Según detallaban los folletos, que de tan técnicos que se ponían parecían tratados irrefutables, la materia prima con la que fabricaban todos sus productos era metal obtenido del desguace de tanques de combate de la ya despatarrada Unión Soviética. Goggar lo miró helado y redujo el paso de su marcha. —Como lo escuchás —confirmó Werner—: los búlgaros estos llegaron con tremendos catálogos de ollas y sartenes fabricados con el metal de los tanques de guerra despanzurrados de la ex Sotsialisticheskikh Respublik. Y no me digas que no te llama a gritos hacerte un huevo frito en una de esas sartenes; si lo negás, no te creo. |
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| Fesapo XXXII |
[Jul. 14th, 2008|11:59 pm] |
—La empresa se llamaba Atfe S.A. —empezó a explicar Werner monocórdemente, casi como recitando un mantra sacado de debajo del felpudo de entrada del templo más milenario de la China de los chinísimos chinos—, ¿alguna vez la escuchaste mencionar? —No —dijo Goggar. —Suerte la tuya entonces. |
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| Fesapo XXXI |
[Jul. 13th, 2008|11:59 pm] |
Por un momento Goggar pensó que el otro le estaba tomando el pelo, pero antes de entrar en la instancia agresiva intentó una vez más: —¡Cursos! —se fastidió—. Hablaste de no sé qué cursos de capacitación, te estoy preguntando de qué cursos estás hablando y vos estás en no sé qué galaxia lejana llena de hormigas. A ver si reconectamos con la Nave Madre, amigo —resopló. |
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| Fesapo XXX |
[Jul. 12th, 2008|11:59 pm] |
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—¿Eh? —balbuceó Werner. |
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| Fesapo XXIX |
[Jul. 11th, 2008|11:59 pm] |
Se detuvo. —¿Cursos de capacitación de qué carajo? ¿Me lo vas a decir? —acusó fastidio. |
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| Fesapo XXVIII |
[Jul. 10th, 2008|11:59 pm] |
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—Medusas —repitió Goggar, casi obligado a decir algo sin saber muy bien por qué y tratando de forzar mentalmente la idea de un supuesto comando de medusas colándose en este mundo a través de un inodoro. |
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| Fesapo XXVII |
[Jul. 9th, 2008|11:59 pm] |
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—Eso no fue nada —siguió Werner como si la pregunta de Goggar jamás hubiese llegado a destino—, en su momento creí que haberla sorprendido hablando consigo misma significaba gran cosa, como quien descubre al ratero en plena operación, con medio cuerpo enhebrado a través de una claraboya ajena —hizo una pausa y sonrió con la visión perdida en el pasado—. Pero con el correr de las semanas y las confidencias me di cuenta de que lo de la autocharla en el rincón quedaba reducido a un mero precalentamiento. Una vez habíamos salido por ahí, y cuatro copas de vino la hicieron contarme que algunos días, por la mañana, se encontraba una medusa flotando en su inodoro, que ella la sacaba de ahí, la tiraba, la despachaba en el camión de la basura, y otra mañana, días después, aparecía otra, y después otra, y otra, y así. Imaginate que alguien que apenas conocés te cuenta eso con la misma naturalidad con la que otro te cuenta que le duermen palomas debajo del alero. Bueno, igualito, pero esta tipa me contaba que le aparecían medusas en el inodoro. Y te juro que hubiese preferido quedarme con la idea de que la pobre estaba medio colifata, eso hubiese sido tremendamente cómodo. Pero un buen día, algunas semanas después, yo también vi una de esas medusas en su baño. ¿Entendés? Te despertás, te arrastrás afuera de la cama, vas a mear con la cabeza todavía llena de almohada, levantás la tapa del inodoro más inodoro del planeta Tierra, mirás, ¿y quién mierda te da los buenos días? Una medusa salida de la nada. Dejate de joder: no me vas a decir que una cosa así no le arruina irreversiblemente la mente a cualquiera. |
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| Fesapo XXVI |
[Jul. 8th, 2008|11:59 pm] |
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—¿Cursos de capacitación? —Goggar, efectivamente, se había quedado varado en lo de los cursos de capacitación. No estaba del todo seguro acerca de la importancia o no importancia de la chica en toda la historia, pero lo de Werner sentado en un curso de capacitación, fuese de la naturaleza que fuese, bien merecía la pregunta. |
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| Fesapo XXV |
[Jul. 7th, 2008|11:59 pm] |
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—Una vez la escuché preguntándose y respondiéndose a sí misma —rompió el silencio pasada media cuadra—. Fue hace mucho tiempo. Yo estaba haciendo unos cursos de capacitación y ella estaba ahí, haciendo las veces de ayudante de la persona que exponía. En un intermedio (esos intermedios ideales para abalanzarse sobre las mesitas del café y las galletitas) la descubrí algo apartada de los demás, como detrás de una columna y demasiado cerca de un rincón sospechosamente alejado. Me llamó la atención; de hecho, lo primero que pensé fue que se sentía mal, o algo femeninamente por el estilo. Pero cuando me acerqué un poco y realmente me puse a prestarle atención me di cuenta de eso, de que ella estaba teniendo una auténtica conversación consigo misma. Y no me refiero a pensar en voz alta —aclaró muy convencido de que era una aclaración crucial, lo cual, en efecto, lo era—, me refiero a un ida y vuelta, un yo-pregunto-yo-respondo con todas las reglas de la comunicación efectiva puestas en su lugar, un diálogo hecho y derecho. Tan absorto me quedé frente al exótico descubrimiento que ni siquiera noté que en determinado momento la conversación estaba llegando a su fin y que ella, previsiblemente, iba a hacer lo que hizo: salió del rincón alejado y cuando giró la cabeza me descubrió mirándola con lo que supongo que sería mi más perfecta cara de búho sorprendido. Fueron dos segundos y medio de paralizarnos las miradas, sin palabras ni expresión. Me dí cuenta de que ella se dio cuenta de que yo me había dado cuenta de que ella no se había dado cuenta de que yo me había dado cuenta de su charla unilateral, y durante esos dos segundos y medio ninguno de los dos supo qué hacer con semejante superávit de incomodidad. |
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| Fesapo XXIV |
[Jun. 25th, 2008|11:59 pm] |
Y cuando pensó en Contemplación también se le vino a la mente Constipación, que no tenía relación alguna con lo que venía pensando pero que seguramente alguna clase de parentesco tendría con constipatio o con algún otro espécimen de esa familia de papagayos consonantes simpáticos y coloridos. Es decir, ¿de qué estaba hablando este piantado saqueador de alimentos de velorio? ¿De hormigas viviendo en chozas? |
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| Fesapo XXIII |
[Jun. 24th, 2008|11:59 pm] |
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“¿¡Qué?!”, hubiese sido el chillido sincero de no ser porque en el último instante temió ofenderlo en lo más profundo de la contemplación. |
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| Fesapo XXII |
[Jun. 23rd, 2008|11:59 pm] |
La luna, algo adelgazada, estaba rodeada por un enorme halo tornasolado. Era un enorme ojo de hielo que la circunvalaba y que tomaba posesión de prácticamente la mitad del cielo con arrogancia pasiva, con la arrogancia de quien se sabe imbatible sin desenfundar la más mínima palabra. Pero él no habló de eso. —Vestimos al caos de orden —dijo con una impostación a medio camino entre la estupidez y la alienación—, pero en última instancia no es más que eso: caos, desorden. El problema es que la sola idea de esa idea nos resulta tan desesperantemente sencilla y vacía que, ni bien despunta, enseguida salimos apuradísimos a ponerle guirnaldas abrillantadas al Enorme Despelote para intentar disimularlo frente a nosotros mismos. Parecería ser que la idea es que no se debe notar que nada tiene relación con nada. ¿Se entiende? Ahí es cuando empezamos a explicar con sesudísimas ecuaciones y magníficas elucubraciones por qué pasaron las cosas que pasaron cuando pasaron, qué llevó a qué, cuándo empujó a quién a generar un porqué que quizás-tal-vez, causas y consecuencias, huevos y gallinas, flores y chanchitos, y todo el corso all-inclusive de la dulcísima semántica que, dicho sea de paso, por vía endovenosa nos calma tan bien. Porque esas cosas, todas las cosas que pasan y pasaron, pasaron, sí, pero somos nosotros los que después, ordenadísimas hormiguitas, acomodamos los pedazos mordisqueados de eventos-hojitas para fabricarnos una rudimentaria chocita pasajera que aguante más o menos firme hasta el próximo vendaval. Increíble. Increíble cómo nos convencemos de la improbable fortaleza de esa bendita chocita. |
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| Fesapo XXI |
[Jun. 22nd, 2008|11:59 pm] |
Werner levantó la mirada y buscó en el cielo negro como si algo entendiese de astros, puntos blancos y soles ajenos. —Mirá —dijo hacia arriba. |
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| Fesapo XX |
[Jun. 21st, 2008|11:59 pm] |
El aire de la calle fue para Goggar el bálsamo más sublime. —Dios mío —descargó la tensión cuando se habían alejado a una distancia prudente. —¿Qué? —preguntó Werner algo desinteresado. —Es de lo más paradójico: siento como si salir de ese velorio fuese un volver a nacer. —Sos un exagerado —lo censuró Werner. Goggar lo miró con gravedad. —¿Exagerado? —la molestia de Goggar si hizo palabras—. No sólo estábamos de colados en un velorio que no nos correspondía y que el lugar estaba lleno de gente rarísima, sino que además, si se me permite el detalle, nunca hubo muerto ni mención de un muerto. ¿Me querés decir qué hacía esa gente ahí? Encima te ponés a hablar con esta tipa. Lo único que nos faltaba —bufó—, quedar más en evidencia de lo que ya estábamos. A todo esto —repentinamente mutó el tono de las palabras hacia algo que mezclaba complicidad con curiosidad de bajo perfil—, lindo especímen, eh. ¿Cómo es que la conocías? Porque mirá que venir a encontrarse con alguien en un velorio ajeno, que ese alguien sea mujer, y que encima tenga unas gracias interesantes... eso sólo te pasa a vos por querer robar sánguches de un velorio. ¿Te das cuenta? —se indignó—, a final de cuentas los únicos que se van al Infierno son los pobres y los pelotudos. |
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| Fesapo XIX |
[Jun. 20th, 2008|01:49 am] |
—Johi. Por Johana —sonrió ella. —Werner… por Werner —le extendió la mano él con aparatoso humor caballeresco. |
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| Fesapo XVIII |
[Jun. 19th, 2008|01:05 am] |
Y del pleistoceno mental de Werner a la realidad del velorio sin muerto, sin sanguchitos y con bella interlocutora con la que había que seguir una línea argumental más o menos sostenible en un contexto insostenible había un abismo, uno de esos abismos de distracción que obligan a verbalizar saltos mentales de urgencia que pueden acabar sin aviso previo en una afirmación poco feliz, en una supina metida de pata, en una frase sospechosamente incoherente o en uno de esos silencios que incomodan hasta una columna. —¿Te acordás? —siguió ella en un intento de rellenar el hueco que Werner dejó con su travesía mental por los albores del hombre bípedo y las mesitas de café. Volvió de golpe. —Y... debe ser de ahí entonces —mintió él ¿bienintencionadamente?—. De algún lugar me sonaba tu cara. (“Además”, pensó una línea indecible, “estás bastante bien. Y el velorio te sienta de lo mejor”)
Goggar rondaba de lo más nervioso. Lo desbordaban las ganas de huir. |
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| Fesapo XVII |
[Jun. 18th, 2008|04:23 am] |
Y podría suponerse que en los velorios del pleistoceno no servían sanguchitos, pero con toda seguridad habría alguna mesita con café y galletitas dentro del radio cercano, como para no andar teniendo que cazar antílopes justo el día del entierro, lógico. “Un velorio del pleistoceno”, se distrajo Werner. Imaginó una escena imposible en la que interactuaban difusamente un grupo de postprimates semi humanizados con una típica mesita del café. Una ecuación bastante inexplicable. |
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| Fesapo XVI |
[Jun. 12th, 2008|11:59 pm] |
—¿Y vos estabas ahí? —volvió en el tiempo Werner. —Sí, hacía las veces de asistente de los que daban los cursos, por definirlo de alguna manera: repartía lapiceras, hojas, folletos, alcanzaba vasos de agua, ordenaba el salón antes y después de las presentaciones, preparaba el café y lo ponía en termos, ponía las galletitas en las canastitas… “Las putas mesitas con café y galletitas”, pensó Werner. “Basta que uno lo analice un poco para que empiecen a aparecer las putas mesitas en todas partes. ¿Toda la maldita Historia estará escrita alrededor de estas mesitas con café y galletitas?”. Y se imaginó una manada de prehumanos amontonados alrededor de una de estas recurrentes mesitas en el fondo de una caverna pleistocénica. |
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